QUINTA PARTE: un resumen de la socialdemocracia, el stalinismo y eurocomunismo.
(VER CUADRO)
Concluimos aquí la exposición de única corriente antagónica e irreconciliable con la ideología económica burguesa. La línea ascendente que recorre todo el extremo izquierdo del cuadro representa esa corriente opuesta en todo. La diferencia es tan insalvable que cualquier intento de síntesis realizado, y veremos los más importantes, ha tenido que renegar de aspectos decisivos del MARXISMO aceptando componentes de la economía política burguesa. El primer esfuerzo serio de inicial síntesis fue la TEORÍA SOCIALDEMÓCRATA, que sin embargo degeneró muy pronto en un abandono práctico de los contenidos revolucionarios iniciales y en una defensa a ultranza del capitalismo mediante reformas controladas e integradas --funcionales-- en la acumulación de capital. Después se hicieron otros intentos que en su derivación más derechista concluyen si no en la GLOBALIZACIÓN POSITIVA, sí en la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA. Resumamos este proceso:
En la atmósfera reformista cada vez más espesa, las tesis de Hilferding (1877-1941) acerca de la primacía de la esfera de la circulación sobre la esfera de la producción de valor, una de las tesis burguesas, fueron preparando el terreno para que sus tesis posteriores sobre el "capitalismo organizado" no encontraran resistencia al haber sido exterminada la corriente luxemburguista y spartakista desde 1918, y al crecer el furibundo anticomunismo del partido socialdemócrata. Sostenía que el "socialismo" podía aprovechar la "nueva" naturaleza organizada del capitalismo para dirigir pacíficamente su transformación acelerando la desaparición del paro estructural, aumentando los salarios, acabando con las contradicciones del sistema, etc.
Hay que decir que esta corriente venía de lejos y que no era sólo patrimonio de la socialdemocracia alemana pues estaba activa antes del reformismo fabiano británico, aunque tuvo en Beatrice (1858-1943) y Sidney (1859-1947) Webb, una de las mejores parejas defensoras del gradualismo parlamentario y de una transformación del capitalismo desde dentro, incluso mediante el juego en Bolsa de los "trabajadores accionistas". Recordemos que los Webb aconsejaban en la prensa fabiana los movimientos de compra-venta de las acciones que tenían muchos obreros sindicados. También recordemos que Beatrice Webb calificaba a la estrategia marxista de los consejos obreros de comienzos de la década de 1921 en las huelgas británicas como "perniciosa doctrina".
En realidad, como veremos con el KEYNESIANISMO, esta ideología de planificación intervencionista en la economía mediante el Estado regulador estaba en pleno debate porque los logros de la URSS, la intervención estatal del fascismo y las promesas del nazismo, la presión de la crisis y la política de Rooswelt en los EE.UU., la ponían a la orden del día. Pero la socialdemocracia no defendía en modo alguno las tesis marxistas. No podemos caer ahora en divagaciones de historia ficción sobre qué hubiera ocurrido a escala europea y mundial si la socialdemocracia no hubiera intervenido sangrientamente en defensa del capitalismo en el crucial período de 1918-23, del mismo modo que su opción general proimperialista en 1914, o su comportamiento de 1929-1933 en Alemania. Tal vez, ahora la historia de la teoría de la economía política sería muy diferente. Pero estas hipótesis, por otra parte muy excitantes, nos obligan a tener en cuenta lo sucedido en la URSS antes seguir analizando la deriva hacia el KEYNESIANISMO.
Según esta teoría el mundo estaba dividido en dos bloques socioeconómicos que competían por superarse el uno al otro. Mientras que hasta 1924 la Internacional Comunista admitía que tanto la URSS como el resto de pueblos oprimidos y clases trabajadoras malvivían en un único sistema capitalista mundialmente dominante, esta teoría abandona ese principio estratégico decisivo, y crea la ficción de dos bloques opuestos, rompiendo la unicidad del mercado mundial capitalista, unicidad que era una de las piedras basales desde el Manifiesto Comunista de 1848. Las consecuencias que se desprenden de esa negación directa del método marxista son totales y ya fueron denunciadas dentro mismo del PCUS desde la mitad de la década de 1921, cuando todavía no estaba realizada del todo. Ahora no nos extendemos al respecto porque el veredicto histórico es definitivo.
Pero en lo que toca a la evolución de la economía política marxista hay que decir que destruyó de cuajo todo su potencial científico-crítico, es decir, dialéctico. Por una parte, dentro de la URSS se impuso un dogmatismo desolador y mecanicista, y fuera de la URSS muchos economistas que seguían sus pautas teóricas, entraron en una confusión total con respecto a aspectos elementales. Basta comparar, por ejemplo, la superficialidad de un Sweezy (1910-¿?), teórico de la izquierda oficial norteamericana y "enriquecedor" de Marx mediante Marshall y Keynes, con un Mattick (1904-1981) y/o un Mandel (1923-1995). Por otro lado, al ser "científicamente correcto" defender que el socialismo es factible en un solo país, y que, como se oficializó desde Kruchev, eso es posible mediante la "competencia pacífica" con el capitalismo, entonces, los demás PCs no rusos podían perfectamente intentar sus respectivos avances al socialismo. Llegamos así a los umbrales del eurocomunismo. Vemos, pues, que la TEORÍA STALINISTA no guardaba ya ninguna relación con el MARXISMO.
(9-1) EURO-COMUNISMOS (VER CUADRO): hablamos de euro-comunismos, en plural, para expresar más directamente la dispersión práctica que sufrió el stalinismo en su corriente exterior más fuerte. Hubo otras corrientes, además de la china, como fueron los múltiples marxismos-leninismos que florecieron a finales de la década de 1961, alrededor del mayo'68, y casi inmediatamente entraron en una rápida desaparición hasta quedar reducidos a los colectivos actuales. La diversidad de los euro-comunismos no anula su identidad de fondo, consistente en vender y supeditar el movimiento obrero de sus países a las burguesías dominantes. En cada Estado lo hicieron de una forma particular pero siempre de manera más adecuada y efectiva para el capitalismo concreto existente en esa formación social. La justificación teórica, si se le puede definir así, de tal comportamiento proviene de varias corrientes anteriores, sobre todo de la TEORÍA STALINISTA, pero también de una subterránea conexión nunca superada con el electoralismo y parlamentarismo socialdemócrata, de modo que la concepción de fondo no superaba un gradualismo economicista según el cual el movimiento obrero ascendería paulatinamente conquistando cada vez más espacios de poder.
En el plano socioeconómico, esta concepción era avalada por textos traducidos directamente de editoriales del PCUS, copiando sin ningún cuidado de adaptación los dogmas entonces vigentes en la URSS. Pero también por muy pocos textos redactados por los PCs del país como el famoso Tratado Marxista de Economía Política del PC francés, de 1971, y que sirvió como Biblia para legitimar el comportamiento de este partido en la decisiva década de 1971-80. Después, en 1977, este texto fue traducido al castellano cumpliendo el mismo papel en el Estado español. En uno y otro Estados la teoría oficial servía, además de para legitimar el colaboracionismo de clases, también para legitimar su "unidad nacional" estatal, es decir, para sostener el modelo estatal de acumulación capitalista basado en la explotación interna de naciones por esos Estados. El "socialismo" defendido por esos tratados y manuales es el "socialismo" de la nación opresora. En el caso de Euskal Herria, eso es innegable.